Estuve ahí, secando las lagrimas invisibles que no me mostro, calmando el llanto que no lloro, pero consciente de que existía, le di mi apoyo para que pudiera salir adelante, dejar eso, y seguir buscando.. era una caída, se había lastimado, lo habían lastimado, y no quería volver a caminar, pero su lógica le explico que el dolor no se iría sino lo echaba, y él no quería hacerse amigo del dolor ni cargarlo de por vida, así que inocientemente dejo ir su antigua ilusión con ella para que se llevasen al dolor donde ya no pudiera hacerle daño..
Ahora, el es feliz, yo lo veo feliz y sé que el comparte su felicidad conmigo, sabiendo que si cae nuevamente yo estaré ahí para que se vuelva a levantar..
El cartero del buzón rojo